Durante el proceso de elaboración del vino, una vez terminado el envejecimiento en las barricas de madera, el vino es generalmente embotellado para continuar su proceso en el interior de botellas de vidrio, en donde permanecerá en contacto con una pequeña cantidad de aire y aislado por el tapón de corcho conservando todas las propiedades originales durante largos periodos de tiempo hasta el momento de su consumo.
Aunque los científicos han demostrado que utilizar tapones de plástico implica, a largo plazo, que se filtren en el vino algunos productos orgánicos que pueden suponer riesgos potenciales para la salud, en los últimos seis años, la industria del tapón de corcho está sufriendo unos ataques muy agresivos por parte de las nuevas industrias del tapón de plástico, que con fuertes inversiones en campañas de publicidad pretenden convencer a los consumidores de todo el mundo de que el corcho contamina los vinos.
Estas campañas, que en la mayoría de los casos no son contrastadas ni citan fuentes creíbles, están causando un daño muy importante en la imagen del corcho como sistema de tapamiento de vinos.
El tapón de corcho es un signo inequívoco de calidad del producto embotellado, porque respeta la calidad del vino y resulta indispensable para conservarlo, además de mantener una actividad económica compatible con la conservación de la naturaleza, el medioambiente y el desarrollo rural sobre todo porque se dedica a transformar una materia prima natural, renovable, no contaminante y fijadora de carbono atmosférico, a la vez que mejora la actividad económica de muchas zonas rurales y garantiza el buen estado de conservación de unos ecosistemas únicos en biodiversidad y en su capacidad de lucha contra la desertificación.